Defensa propia o legítima defensa

“Si matás un tipo en tu casa no pasa nada porque fue en defensa propia”. Típica frase de toda charla sobre inseguridad que refleja una creencia totalmente errónea y justifica que dediquemos un artículo al tema.

Para empezar se puede decir que “defensa propia”, o más técnicamente “legítima defensa”, existe cuando una persona en defensa propia o de sus derechos o en defensa de la persona o los derechos de un tercero, siempre que se den los tres requisitos que vemos un par de párrafos más abajo.

Una aclaración interesante en este tema es que no hay defensa propia sólo cuando está en peligro la vida del que se defiende o de su familia; es suficiente que defienda algún derecho, ya que todos los derechos son defendibles. Por esa razón no es necesario que alguien termine muerto para poder invocar esta figura legal (puede invocarse por ejemplo cuando se saca a patadas a alguien que quiere despojar de algún bien o incluso prosperó en algún caso en que una persona dio falsa contraorden de pago de un cheque por miedo a perder gran parte de su patrimonio al haberlo dado por una compra que luego se frustró por culpa de quien lo pretendía cobrar, etc).

Vayamos entonces a los tres requisitos que deben darse para poder alegar legítima defensa:

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